Duérmete madrecita del alma mía,
y que el Dios de los cielos
te me bendiga.

Duérmete con el sueño de los rosales
que amanecen con rosas y no lo saben.

Madrecita del alma, tú me dormías
cuando yo apenas era grano de vida.

Ahora que ya soy yo grande, te canto nanas
por que sueñes de nuevo por duendes y hadas.

¡Mi madrecita!...
Y que el Dios de los cielos
te me bendiga...

~Carmen Alicia Cadilla~

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