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En mis años de infancia donde las cosas y la vida eran de felicidad,
donde soñamos con duendes, doncellas y principes ,
donde somos héroes de cuentos y dragones de chocolate,
donde mamá es pesada y no sabe nada,
donde queremos ser libres y podríamos cambiar el mundo,
más el destino una lección para mí me tenía reservada.
Me levanté como es costumbre gruñendo y mal genio por la repelada de mi madre la noche anterior por recibir las malas notas del colegio.
Supuestamente era fin de semana y como es usual tenía que a mi madre acompañar al supermercado a comprar la comida de la semana,por alrededor de unos 20 minutos de pelea y malgenios.

Un chirrido de neumáticos escuché y a mi madre sentí abrazarse sobre mí, para proteger mi cabeza, ya que nunca el cinturon de seguridad usé, más entre golpes y estruendos sobre mis brazos a mi madre sentí,
y del golpe ella quedó
inconsciente y con sangre en la cabeza.
Por más que la llamaba y le gritaba ella no respondía,
no había nadie a mi alrededor,
con lágrimas en mis ojos gritando del carro salí
y a mi madre pude ver sangrando e inconsciente.

Sentí que mi vida se iba y por mi mente pasaron todas aquellas bellas cosas que juntos compartimos, los dias de mi cumpleaños, cuando me aconsejaba. Mirando al cielo a Dios le pedí que a mi madre no me la quite,
que muchas cosa tengo que decirle y que sin ella y sus consejos solo quedaría,
en eso una ambulancia pasó y a mi madre la ayudó, los paramédicos la revivieron y ellos me dijeron que de no ser por ella yo hubiera muerto, que el golpe que yo tenía que recibir ella lo recibió,
ya que el carro que había chocado contra nosotros había impactado sobre el lado donde yo me encontraba,
en otras palabras mi madre me dió dos veces la vida.
Inconsciente ella quedó por alrededor de 3 semanas.
Era una angustia que acongojaba el corazón y me entristecía todo el dia, mojando mis ojos de lágrimas,
a la vez que la agradecía por haberme salvado le reprochaba que por qué no me había dejado recibir aquellos
golpes que ella recibió.

Pasaron 3 semanas de dolor profundo y desconcierto total,
pero el tiempo pasaba y me enseñaba los hermosos dias que pasé con mi madre.
Aún recuerdo un Lunes 27 de enero mientras rezaba apoyada mi cabeza en la mano de ella,
mis cabellos acarició,
de un salto topé el techo y sentí vivir de nuevo,
el verla sonreir y el jalarme las orejas cada vez que hago algo no correcto.
El alcalde le dió una medalla en honor al mérito por haberme salvado y gracias a Dios ella en perfectas condiciones ha quedado para ser mi amiga,para continuar siendo mi madre.
Gracias te doy Dios.

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Rafico
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