
![]() Mi padre es un hombre callado, mesurado, amable. Es un hombre bueno como el pan, como la lluvia, como el amanecer. Es un hombre fuerte como el trueno, como el diamante, como una montaña. Mi padre ha sido ejemplo de bondad para su familia: cuando éramos pequeños nos llevaba a pasear, a comer, nos invitaba pastel o gelatina, nos cuidaba. Mamá, mis hermanos y yo fuimos objeto de su amor, de su generosidad y de su respeto. Mi padre es un artista. De joven aprendió a trazar y a cortar la tela, a hilvanarla y coserla en la máquina. De sus manos salían primorosas capas, elegantes abrigos o tibias y cómodas chamarras. De él aprendí a trabajar, bendición del cielo. Desde temprano se sentaba ante su máquina de coser o se encontraba detrás de su mesa de corte, trazando, cortando (a máquina o con tijeras), siempre con una aguja entre sus labios. A veces lo escuchaba y me parecía que rezaba. Y el espíritu de Dios habitaba en él: sus labios y sus manos hablaban de la bondad de su corazón. Interrumpía su trabajo sólo cuando mamá lo llamaba a comer. Comía poco, con frugalidad. Apenas terminaba, daba gracias. Se levantaba y regresaba a seguir su incansable labor, durante varias horas más, y así durante muchos días y parte de sus noches, a lo largo de muchos años. Mi padre es un caballero: elegante en el vestir aunque no lleve traje; es un hombre sabio: dulce y prudente al hablar; siempre respetuoso, cortés y amoroso con mi madre. Gracias a él, lo tengo todo: una familia, alimento, techo, cobijo, educación; me ha brindado su amor a manos llenas, con su respectiva dosis de paciencia, observaciones, jalones de orejas... Y me compartió su más preciado tesoro: el don de la vida. Si no hubiese sido por él, no sería lo que soy. Como una pequeña muestra de agradecimiento, de amor y para honrar su nombre y su persona, escribo estas breves líneas. Te mando un beso y un abrazo. Gracias, papá. Dios te bendiga. ~© Pío Fausto Farfán Palacios~ |

Midi es usado con permiso y es de Boer